
En 1998, Emily Rosa marcó un record Guinnes. No como contorsionista, tragasables o engendro de la naturaleza. ¿Su habilidad? Tener 11 años. Ah, y haber publicado (con dicha edad) en el Journal of the American Medical Association (JAMA). La revista es una de las más prestigiosas revistas científicas revisada por pares en los Estados Unidos. ¿Cómo una niña de 11 años puede hacer algo así?
La importancia de la Tarea
Todo comenzó cuando Emily tenía 9 años, y buscaba presentar un trabajo en la feria de ciencias de la escuela. Un día vio a su madre, Linda, mirando un video. Era sobre un método para tratar malestares. Supuestamente manipulando los “campos de energía” y lo llamaban “toque terapéutico”. Consistía en un paciente quieto, y un terapeuta que movía sus manos a 10-15 cm del cuerpo del paciente. Decían que, con eso detectaban y removían “energías indeseables”, las cuales supuestamente causaba varios males.
El método estaba en expansión. Se estaba adquiriendo en algunos hospitales. Pero, había dudas sobre la efectividad del mismo. ¿El problema? Era demasiado vago como para ponerlo a prueba. Sin embargo, Emily le dijo a su madre que ella podía conducir un experimento sobre el método. Linda, que fue enfermera y miembro de muchos años del National Council Against Health Fraud (NCAHF), le dio a Emily algún consejo sobre el método.
Manos a la Obra
Emily reclutó 21 terapeutas para el experimento de la feria de ciencias. ¿Cómo los convenció? No lo sé, pero dudo que vieran a Emily como un problema, era solo una niña. El test consistía que Emily y los terapeutas se sentaban en lados opuestos de una mesa, un terapeuta a la vez. Una pizarra los separaba, bloqueando la vista del otro. La pizarra tenía dos huecos cortados en el fondo. Los terapeutas pasaban sus manos por los huecos con las palmas hacia arriba. Emily no veía a quien estaba analizando y los terapeutas no veían a Emily o sus propias manos.
Emily lanzaba una moneda al aire y según cayera, ubicaba su mano encima de una de las manos del terapeuta, a unos 10-12 centímetros de separación. (La distancia estaba marcada en la pizarra, así aseguraba que la distancia fuera consistente). Los terapeutas, deberían “sentir” el campo de energía de Emily y decir sobre cual mano la sentían, derecha o izquierda. Cada terapeuta tendría 10 intentos. ¿Simple, cierto?
Emily reportó los resultados en la feria de ciencias. Su madre, por su parte le habló del experimento al Dr. Stephen Barrett, a quien conocía desde la NCAHF. Barret, intrigado por la simplicidad del método y los hallazgos iniciales lo mencionó a los productores del show de televisión Scientific American Frontiers. En 1997, los productores rodaron un episodio sobre el método experimental de Emily. Ella se las arregló para convencer a 7 de los originales 21 terapeutas para realizar el experimento una vez más para el show (era persuasiva la niña).
La moneda de la Suerte
Emily tenía ahora un total de 280 intentos individuales por 21 terapeutas (14 terapeutas tuvieron 10 intentos individuales, mientras los otros 7 tuvieron 20 intentos cada uno). Ellos identificaron correctamente la posición de la mano de Emily solo 44% de las veces. Ella comparó sus resultados con los resultados obtenidos al azar (tirar una moneda al aire). Si los resultados eran mejores que el tirar una moneda al aire significa que podían (hasta cierto punto) sentir los “campos de energía”.
¿Cuál es la probabilidad de que una moneda te caiga cara? Si la cantidad de tiros es grande (miles o millones) debería ser un 50% de los tiros. Pero como solo fueron 280 veces la probabilidad no es exacta. Así que estableció un rango, de 44-56% de las veces con un 95% de intervalo de confianza. Eso significa que, si 100 personas lanzan cada una moneda al aire 280 veces, puedes esperar que 95 de esas personas obtengan de 123-156 caras (44-56%) cada una.
¿Qué hay de las otras 5 personas? ¿Porque no obtienen un resultado dentro del rango? Porque eventos no frecuentes aún pueden suceder. Es posible que una persona (por pura suerte) obtenga 200 caras seguidas, o ninguna. Compáralo con la probabilidad de un test de ADN. El resultado es 99.99 % fiable, no 100%. ¿Porqué? Porque nada es 100% exacto, la medición perfecta no existe, lo único que puedes hacer es acercarte.
Los terapeutas no lo hicieron muy bien (debido a que terminaron en el fondo del rango), sus resultados no son mejores que el azar. O sea, que tu o yo podríamos haber adivinado y acertado tan bien o mejor que los terapeutas. No hacía falta título.
Linda y Emily pensaron que el trabajo era digno de publicarse. En abril de 1998, Emily, entonces con 11 años, hizo publicar su experimento en JAMA. Eso le ganó el Record Mundial en el libro Guinnes por la persona más joven en haber publicado un artículo en una revista científica de renombre, y ganar un premio de 1000 dólares por la Fundación Educacional James Randi.
Lo que Podemos Aprender
Primero, Emily se enfocó en medir los efectos directos. No hacía falta experimentar o medir el toque terapéutico, sino sus consecuencias directas. Así es como se mide un “intangible”.
Segundo, Emily se enfocó en preguntas básicas. En vez de determinar cuáles eran los beneficios para la salud, o tratar de medirlos, preguntó: ¿pueden sentir los campos de energía con sus manos? En caso de no ser cierto, todo lo demás es innecesario. No pueden curar si no pueden sentir.
Tercero, Emily se enfocó en métodos de investigación simples. El experimento controlado, muestreo (incluso un muestreo pequeño), aleatoriedad, y usar un tipo de “ceguera” para evitar prejuicios de parte de los sujetos o el investigador. La idea era, mantener fijas todas las variables excepto una (la mano de Emily en dos posiciones) para medir un resultado (el sentir el campo de energía en dos posiciones). Así puedes establecer más fácilmente las relaciones causa-efecto. Estos simples elementos pueden ser combinados para permitirnos observar y medir una variedad de fenómenos.
Emily mostró que niveles útiles de experimentación pueden ser entendidos incluso por un niño con un presupuesto bajo. Linda Rosa dijo que gastó 10$ en el experimento. Ella podía haber hallado la forma de gastar mucho más si tuviera. Pero determinó que todo lo que necesitaba era un experimento adecuado.
Métodos simples pueden producir resultados útiles. La simplicidad es un punto a favor. Cuando un experimento se complejiza, hay más posibilidades de error. Es difícil criticar un resultado cuando un niño pequeño puede entenderlos. Eso es ciencia. Una cosa de niños.



Deja un comentario