
¿Eres racional? ¿Eres inteligente? ¿Entiendes la diferencia entre lógica y emoción? ¿Y si descubres que has estado soñando toda tu vida? ¿Y si descubres que tu realidad es una ilusión? ¿Y si descubres que estás dormido, en los brazos de Morfeo?
En la película “Matrix”, Morfeo le hace una oferta única a Neo. Le descubre, en su mano, una pastilla azul y le dice, “si tomas la pastilla azul, despertarás en tu cama, volverás a tu vida normal y no recordarás lo que ha pasado aquí”. Le descubre, en su otra mano, una pastilla roja y le dice, “si tomas la pastilla roja, irás al fondo del asunto, tu realidad cambiará para siempre y nunca podrás regresar”.
En este escrito voy a hacer algo excepcional. Voy a ofrecerte un regalo, voy a darte la opción de Morfeo. Si dejas de leer este escrito, tu vida seguirá normal, no recordarás nada de lo que aquí escribo y harás tus labores como siempre. Si decides leer este escrito, tu visión de la realidad cambiará para siempre, y nunca podrás regresar.
Si no estás listo para seguir, no hay problema, solo toma la pastilla azul. No todos están listos para asimilarlo. Si no estás listo, lo más seguro es que aún leyéndolo tu cerebro no lo registre. Regresa a tu realidad, sin resentimientos.
Si crees que puedes manejarlo, si crees que el ver una realidad diferente te hará sentir libre, si crees que es mejor a no saber en cual realidad vives, entonces has venido al lugar indicado.
Advertencia: No todo lo que muestro aquí es cierto, hay realidad y ficción mezcladas. El propósito es cambiar quien eres. El propósito es hacerte ver la Matrix, o al menos una parte. Si eres inteligente, puedes descifrar cuál es cierta y cuál no. Si eres inteligente, podrás descartarlo todo, podrás decir que miento, podrás decir que me has superado, podrás ser justo si lo haces. Si eres inteligente sabrás que este es el inicio, que este es el umbral, que acabas de tomarte la pastilla roja.
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El Secreto de Aristóteles
Aristóteles lo supo. Su maestro Platón se lo había revelado. Pero, ¿qué hacer con él? Si lo explicaba, no le entenderían, pero debía intentarlo, había que revelarlo de alguna forma. Aristóteles pensó en crear algo, algo que ayudara a comprender su secreto. Aristóteles dio vida a la lógica.
La lógica tenía sus principios, pero uno los gobernaba a todos, el más poderoso, el principio de “no-contradicción”: Dos afirmaciones contrarias no pueden ser ciertas al mismo tiempo y en el mimo sentido. “La meta”, dijo, “es la consistencia”.
Aristóteles explicó: Si alguien te dice, “tengo una gran fuerza” y no puede levantar un libro de la mesa, sabes que hay una contradicción. Por “lógica”, una de las dos, la frase o la acción, es falsa. Cualquier ser racional da mayor peso a las acciones, así que las palabras son falsas. Si descartamos lo falso, las ideas restantes serán más consistentes.
Y cuando explicó, Aristóteles pensó: Queremos ser consistentes. Queremos que nuestras creencias, palabras y acciones no se contradigan. Este, es un principio del ser humano, el “principio de la consistencia”. Su origen es el ego, y el deseo de ser aceptados, de sentirnos especiales, únicos. Si la persona no se muestra “consistente”, se percibe como confundida, mentirosa o enferma mental. Si la persona es “consistente”, se percibe como firme, racional y honesta. Queremos ser y “parecer” consistentes en todo momento. Deseamos ser independientes, justos e inteligentes; nuestro ego está en juego.
Una Lección de Darwin
Darwin también lo sabía. Fue uno de los peores en su colegio y se convirtió en uno de los científicos más grandes en la historia.
Darwin se preguntó: “¿Por qué una persona sin cualidades excepcionales puede llegar tan lejos? ¿Si existen cerebros mejores que el mío, porqué no descubrieron lo que yo descubrí?
Todos queremos ser consistentes. Todos queremos ser independientes, justos e inteligentes. Pero ¿puede el cerebro humano realizar esta tarea? Para eso, tendríamos que saberlo todo y tener una voluntad infinita. Somos incapaces de ambas. La realidad es compleja, tiene demasiados detalles y el cerebro no puede almacenarlos todos.
La meta del ser humano es sobrevivir, no entender la realidad. Las acciones correctas son las que importan, no las ideas que te haces de ellas. Distinguir entre realidad y ficción no te ayuda a sobrevivir. La ficción es más simple, memorable y fácil de cambiar. Por eso es que no puedes saberlo todo, solo una ínfima y determinante parte dentro de una ficción.
Si no puedes saberlo todo, estás obligado a cambiar tu comportamiento e ideas según sea necesario. De lo contrario, puedes cometer errores fatales. Un bebé no puede ser consistente con el comportamiento e ideas anteriores, o no llegará a adulto. Un adulto no puede ser consistente con “todas” las ideas anteriores o llegará más rápido a viejo.
La voluntad es lo que permite sobreponerte al impulso. Los impulsos dependen del medio. Debido a que la adaptación al medio es necesaria, el tener excesiva voluntad es un problema. Quien no tiene voluntad no puede sostener ningún comportamiento o idea para siempre, así que ser consistente en todo es imposible. Siempre habrá momentos que te salgas de la raya. Lo máximo que podemos (y debemos) aspirar es ser consistentes en unas pocas cosas importantes.
En la Oscura Cueva de Platón
Aristóteles recordaba de su maestro Platón su famosa alegoría de la cueva. En esa cueva oscura, un grupo de personas estaban encadenadas. Pasaban toda la vida mirando una pared de la cueva, sin poder voltearse hacia otro lado, debido a las cadenas. En la entrada de la cueva había otro grupo de personas caminando libremente frente a una hoguera. Los encadenados veían en el muro los reflejos de los liberados. Esos seres encadenados, decía Platón, son los seres humanos.
Entonces – pensó Aristóteles –todos ven los mismos reflejos y todos quieren verse consistentes. Así, el ser humano se ve en una contradicción, verse consistente sin poder serlo. La contradicción causa un estrés interno, una disonancia cognitiva. ¿Cómo resolverla? Solo hay una forma, inventarse una ficción. En esa ficción, la persona es el héroe; inteligente, justo e independiente. Los encadenados creen que las sombras tienen vida, porque se mueven y se multiplican. Creen que están viendo la realidad, creen que son inteligentes por eso, pero solo ven un reflejo, una ficción.
Las ficciones se muestran consistentes, pero no siempre. Si rompemos algunas cadenas y observamos algo que contradice la ficción, adaptamos la ficción a la observación y listo. Sin embargo, cuando decimos o hacemos algo; de forma pública, independiente, activa y esforzada; nuestra imagen se conecta con ese algo. Si la observación contradice a nuestras acciones o afirmaciones, nuestra imagen se ve amenazada. Y debido a la disonancia, adaptamos la realidad a la ficción, manteniendo nuestra imagen intacta.
Si la disonancia es grande, la ficción crece excesivamente y pierde cualquier vínculo con la realidad. Así que, la persona que la padece pensará que está siendo “lógica” y “consistente”, pero quien la observa pensará que ha enloquecido.
Así, en el ejemplo de la mesa, si la persona tiene una imagen que depende de ser fuerte, puede decirte que el libro está pegado a la mesa o que de alguna forma (mágica) sus fuerzas se pierden cuando toca el libro. La ficción sonará ridícula, pero para él tendrá perfecto sentido. Su ficción es “consistente” consigo misma.
Descubriendo la Matrix
¿Pero quién está más lejos de la realidad, la otra persona o tú? Si padeces de disonancia cognitiva, dado que inventas tu ficción, no puedes saber que no estás en ella. Y los argumentos de la otra persona te parecerán locos o tontos porque no concuerdan con los tuyos. ¿Cómo lo detectamos?
Lo primero es buscar el detonante. Aquella observación o afirmación que desató la disonancia. Si el detonante involucra la imagen de la persona y esta no lo reconoce, la probabilidad de la disonancia aumenta. En el caso de la mesa el detonante es el libro que no se levanta de la mesa. El hecho de que haya dicho que es una persona fuerte amenaza su imagen. Y en vez de admitir que es un tonto, inventa cualquier ficción para justificarlo.
Lo segundo es buscar señales de la disonancia. Para eso tienes que saber cómo luce la lógica cuando la escuchas o lees. Todo lo que no luzca dentro de la lógica será una señal.
Un argumento lógico tiene tres partes, prueba, condición y conclusión. Si todos los hombres son mortales (prueba), y yo soy un hombre (condición), entonces yo soy mortal (conclusión). Aunque el ejemplo es trillado, es aplicable a la mayoría de los casos.
La prueba es algo que aceptamos como cierto, sea un hecho o una afirmación, y tiene la capacidad de predecir un comportamiento. La condición es el contexto donde se aplica la prueba. Y la conclusión es el resultado de la aplicación de la prueba a la condición. Cuando padeces de disonancia cognitiva, empiezas a alterar uno o varios de estos elementos a la vez.
Señales de Disonancia Cognitiva:
Alteración de la prueba:
Falacia de la Confirmación: El ver solo aquellas pruebas o condiciones que confirman tus creencias y obviar u olvidar las que las descartan. Si la prueba es contundente (real y/o predictiva) la persona olvidará u obviará las pruebas y hasta el argumento, con tal de preservar su ego. Si notas que la persona está ignorando la prueba de forma obvia, o que realmente no recuerda lo que hablaron, esta es una señal. También si se enfoca excesivamente en una sola variable (la que apoya su idea), obviando el resto del contexto, también es una señal.
Analogías: El que dos elementos tengan relación no significa que sean lo mismo. Recuerda, no todo lo que guinda es coco, comparar los dos puede traerte problemas. Si la persona está haciendo comparaciones muy alejadas, especialmente si incluyen personajes o situaciones imaginarias, esta es una fuerte señal. Si solo usa las analogías para explicar un nuevo concepto, entonces no la padece.
Excesivas razones: Cuando la persona no confía en las razones que tiene, empieza a crear más para compensar, y todo de forma inconsciente. Si tienes una razón suficiente para explicar el fenómeno, generalmente terminas ahí. Si tratas de sobrepasarte, estás en disonancia cognitiva. Cuando la persona no para de dar “pruebas” de que lo que dice es cierto, y estas pruebas son todas diferentes o absurdas, tienes otra señal.
Alteración de las condiciones:
Lectura mental: Si la persona no tiene buenos argumentos empezará a atacar al mensajero. El ataque más frecuente, suele ser cuando se imagina las intenciones o las ideas del mensajero, aún cuando este no las ha expresado. En su imaginación, las intenciones del mensajero no son buenas. Si no son buenas, entonces sus argumentos no tienen validez. Lo que aquí se buscaría es una desconexión con las acciones, o la falta de ellas. Si la desconexión es obvia, entonces es posible que esté bajo disonancia.
Ensalada de palabras: Cuando se utiliza palabras para formar oraciones que, aunque gramaticalmente son correctas, no tienen sentido lógico o no se entienden. El uso excesivo, y sin sentido, de palabras rebuscadas en unas pocas oraciones es la señal. La persona trata de cambiar el contexto, pero se le hace difícil y recurre a un exceso de palabras para lograrlo.
Alteración de las conclusiones:
Absurdo absoluto: Si la persona acepta las pruebas y las condiciones, solo queda derivar una mala conclusión. Al absolutizar y ridiculizar la conclusión, está atacando al argumento. Si la conclusión es absurda entonces el argumento también.
Predicción apocalíptica ambigua: Cuando la persona está razonando, sus conclusiones son concretas y definidas. Debido a que la persona no agotó sus argumentos, “se inventa” una conclusión negativa. Si la conclusión es negativa, tu argumento no es válido o digno de considerar. Pero la conclusión no puede derivarse de forma lógica, así que tiene que ser ambigua para “parecer” lógica. Si escuchas a alguien decir “todo estará peor si lo hacemos según dices” y no sabe decir qué, cuándo o cómo, esta es una señal.
Estas señales no son las únicas, pero si son frecuentes. Con ellas, empiezas a ver las primeras señales de la Matrix, con ellas empiezas a despertar, con ellas empiezas a escapar a la realidad. Despierta.
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En la Matrix Actual
Estando en twitter, entro a veces en debates. El registro de las palabras me da la oportunidad de evaluar la discusión, durante y después. Tres ejemplos de disonancia cognitiva llamaron mi atención y quiero compartirlos contigo. Estas personas son, según puedo apreciar, bastante inteligentes. Dos de ellas incluso, son conocedoras del tema de la persuasión en los medios. Sin embargo, no son inmunes a la disonancia. En twitter muestran sus nombres, sus caras, se expresan públicamente y tratan de respaldar sus argumentos con todo lo que tienen. Debido a esto, son también más propensos a la disonancia.
Nota: Incluso en el caso de que utilicen el nombre de otra persona para expresar su opinión, si la persona se identifica en algo (y siempre lo hacen) con la imagen que proyectan, el impacto en el ego se mantiene. ¿Alguna vez le preguntaste a un jugador de videojuego si no se identificaba con su personaje cuando juega?
Así que veamos los ejemplos y pongamos el nuevo conocimiento a prueba. Los nombres de los tweeteros han sido eliminados para no involucrar más a sus egos. Esto es principalmente con fines educativos, no tengo intención de comenzar otro debate, al menos por el momento.
Caso 1
Tweetero 1:
Quizás una vida de Anonimato
Implacablemente preservada
Es la vida más cierta y efectiva de todas.Victor:
Según esa lógica, nadie en Twitter parece tener ese tipo de “Vida”.
El Anonimato no es vida. Pero la dependencia de la fama es la muerte.Tweetero 1:
Pensé que éramos mayormente extraños en twitter y muchos handles ni siquiera usan sus verdaderos nombres. ¿No nos hace esto anónimos? El Anonimato es recomendado aquí para asegurar que el ego es minimizado.Victor:
El verdadero anonimato es cuando las personas no pueden intervenir en la conversación, el resto es solo falsa modestia. El ego no es exteriorizado pero está presente.Tweetero 1:
Este tipo de anonimato que describes puede suceder solo con la renunciación. Si vives en una sociedad esto es lo mejor que puedes hacer.Victor:
Existe anonimato sin renunciación, se llama pobreza, y apesta. Para el resto, el anonimato que describen es solo falta de “piel en el juego” y por definición no son libres del ego. Pero tienes razón, quizás esto es lo mejor que podemos hacer en esta sociedad.
Análisis: Si te fijas bien, el primero en tener disonancia cognitiva soy yo. ¿Pensabas que yo era inmune a ella? Nadie es inmune, solo más consciente. Con suerte, tal vez lo detectes y puedas rectificar, pero no hay garantías.
En el primer tweet, mostré una conclusión absurda absoluta. No puedo saber el tipo de vida que tienen las personas en twitter. Incluso me atreví a llamar aquello “lógica”. El detonante, es la mención del anonimato en twitter. La idea de ir a una red social para no mostrarte involucró mi ego.
Estoy en twitter, no estoy anónimo, ¿significa que mi vida no es cierta o efectiva? ¿Tengo menos valor que las personas anónimas? ¿Soy menos justo por eso? En aquel momento, la mención me pareció una hipocresía. En mi defensa, puedo decir que no sabía que el anonimato incluía las identidades falsas.
Si veo firmar algo como anónimo, ese alguien no gana ningún crédito por escribirlo. Las personas se pueden referir a la obra, pero jamás a su autor. Sin embargo, alguien que lo firme con una identidad falsa si lo gana, solo que no directamente. Aunque el concepto de anónimo los incluye a ambos, el resultado para el ego no es el mismo.
El Tweetero 1 también se ve con disonancia cognitiva en su segunda respuesta. Al discrepar de esa forma, su inteligencia se ve cuestionada. Explica con una sola variable (la renunciación), mi razonamiento. La señal es parte de la falacia de la confirmación. Trata de decir que el ego se minimiza con el anonimato, basado en una identidad falsa. Aquel que es anónimo, que no tiene cabida en la conversación, es porque renunció a su derecho. Obvia el resto del contexto.
Desgraciadamente mi último argumento se sostiene. La mayoría usa la identidad falsa para darle rienda suelta a sus deseos más bajos, para darle crédito a su supuesta valía. Es un incremento del ego, no un intento real de minimizarlo.
Caso 2
Tweetero 2:
Hemos de acordar que no es lo mismo que un niño vea David el gnomo
que Bob Esponja o el último vídeo de Maluma. Deseducación.Victor:
Discrepo. Ninguno tiene que ver con la realidad.Tweetero 2:
Interesante Víctor, pero dentro de la ficción también hay valores
que son proyectados y proyectables desde/a la realidad.Victor:
Ninguno de los tres tiene como valor la evolución. Todos son
“valores fijos”. A largo plazo, cualquiera es potencialmente
peligroso si no se actualiza.Tweetero 2:
Bueno, en David el Gnomo aparece la muerte como parte del
ciclo de la vida.Victor:
No recuerdo ninguna muerte, supongo que no me transmitió ese
valor.Tweetero 2:
Sí, el capítulo en que metafóricamente se despide de su zorro y
se transforma en árbol. Creo recordar que con su mujer.
Victor:
No obstante, hablo de evolución del pensar, no solo de la teoría
de Darwin.
Análisis: Este caso es muy interesante. Este tweetero ha escrito todo un libro sobre el tema. Toda su imagen está volcada en la idea de que hay “videos buenos” y “videos malos”. Cuando introduzco la idea, de que todos son potencialmente peligrosos (detonante), su ego se ve tremendamente atacado. ¿Estaré equivocado, seré estúpido, pasé algo por alto? No, debe ser este tal “Victor” que no sabe de qué habla.
La primera señal es una ensalada de palabras. Está en su primera respuesta, y aunque no es concluyente, me pone sobre alerta. Las palabras “valor”, “proyectados y proyectables”, aunque correctas, son excesivas. No obstante, para poder mostrar mi punto, uso su propia palabra, “valor”.
Su segunda respuesta, es claramente una analogía con una pequeña ensalada de palabras. Compara “la muerte y el ciclo de la vida” en David el Gnomo con la “evolución”. Además obvia la segunda y tercera oración, lo cual es una falacia de la confirmación. En su defensa, el uso de la palabra “valor” fue una mala idea de mi parte. Usar su palabra ambigua no lo hizo entender mejor. Una palabra ambigua no tiene uso en la lógica, sé concreto y específico.
Quise hacerle una broma con la tercera respuesta. Haciéndole saber que sé, de primera mano, que el “valor” no fue transmitido, cuestionando la veracidad del asunto. No creí que tuviera ninguna respuesta y esperaba enviar el último tweet cuando me sorprendió su respuesta. Era literalmente una analogía, todavía más elaborada, comparando a un Gnomo convirtiéndose en árbol con la evolución y la muerte. Usó incluso la palabra “metafóricamente” sin percatarse de su significado. Ahí ya sabes que escapó completamente de la realidad.
Caso 3
Este caso necesita un poco de contexto. El Tweetero 3 es normalmente atacado en la red, debido a que escribe sobre temas políticos. En este caso, puso un tweet que decía:
Disfrutando este domingo de los precios que no suben en Cuba: Escuchar y ver a la Orquesta Sinfónica Nacional en el Teatro Nacional por 10 pesos cubanos (0.40 centavos de dólar)
El tweet, como todo lo que publica, generó mucho debate y respuestas no tan agradables. Algunas de ellas atacando directamente a su persona. En algunas, las personas critican el que se centre en la cultura y no en la economía. En respuesta, el Tweetero 3 publica:
Tweetero3:
Esta publicación demuestra que en Cuba la cultura es un derecho, quienes reaccionan contra ella no hacen más que demostrar que harían con ese derecho si alguna vez tuvieran ese poder: eliminarlo, por eso no tienen futuro aquí. Cuba es Cultura.
Victor:
No conozco a nadie que se oponga a la cultura. Sino al acto de imposición de la misma. Combinar una reacción con la lectura mental no es lo correcto.
Análisis: Al pensar que la cultura es importante y ser criticado por eso involucró a su ego (detonante). Realizó una lectura mental creyendo saber las intenciones de quienes le escribían. Concluyó un absurdo absoluto de que, quien criticaba su escrito estaba en contra de la cultura y de Cuba. También realizó una predicción apocalíptica ambigua, diciendo que estas personas eliminarían el derecho a la cultura en Cuba si tuvieran el poder. Todo da como resultado de que había que oponerse a ellos y que no tenían cabida en Cuba.
Por supuesto, no puedo estar 100% seguro de que estas personas padecieron de disonancia cognitiva. Puede que estuvieran fingiendo y lo hicieran ex profeso. Puede que haya sobrestimado su inteligencia. Solo puedo saber que es muy probable, solo puedo saber que estoy en una ilusión, solo puedo saber que quiero escapar a la realidad. ¿Te atreves a seguirme?




No podría pasarse por alto la perspectiva del twitero.
Cuando en su afán de expresarse, evoca un análisis pleno de marasmo y ha de conveniarse posición y psicología del contexto, aún cuando la etimología de sus frases no conserven un mínimo de concordancia entre exposición y realidad.
Por otra parte reza el refrán:
“La inteligencia necesita decir algo.
La necedad, tener siempre algo que decir”
No hay forma que sus palabras puedan tener sentido si la realidad las supera. Nadie quiere ser el villano de la historia, así que reescribe la historia en tiempo real.
Si estoy actuando de forma tonta es por esos malvados!